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- Haylionor Theboyss: http://lizbethshadow.tumblr.com/post/55388593859/haylionor-theboyss
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Año 1468
Thaissmer elevó con decisión sus ojos
azules, despejados y claros como una tarde de verano, que apenas
podían verse entre las múltiples pestañas que rodeaban la
curvatura de sus ojos. Su mirada iba dirigida al muchacho enfrente
suya, que parecía sujetar el arma con cierto aburrimiento. A pesar
de ser mejores amigos, Thaissmer y Binow eran muy distintos en el
fondo. Thaissmer desde temprana edad había comenzado a aficionarse
por el campo de batalla y los diferentes tipos de armas, sin embargo,
Binow parecía que fuera a convertirse en el nuevo pastelero real. No
le interesaba nada excepto la comida, y en concreto, los dulces que
se repartían durante las fiestas organizadas en la Corte. Esos
dulces poseedores de un aroma único que con sólo aspirarlo parecía
que te llenaran el estómago, por no hablar de su textura cremosa,
que se fundía en la boca deslizándose por la garganta con suavidad.
Binow pareció vacilar sujetando la
espada, a pesar de que posiblemente pesara el doble que Thaissmer. No
le gustaba entrenar, y siempre que podía se escaqueaba de su
profesor para poder esconderse en los establos y comer bollos con
queso. Pero no podía rehusar a las peticiones de Thaissmer. Muchas
veces lograba hacerle cambiar de opinión y que jugaran a algo
distinto, pero aquel día era imposible, Binow ni siquiera se había
esforzado en intentarlo.
Su compañero había logrado robar dos
espadas del cuarto de armas de su padre, y deseaba estrenarlas. Era
la primera vez que jugaban con auténticas espadas, y aunque a Binow
le daba algo de miedo, Thaissmer parecía muy seguro de sí mismo.
Sujetaba con determinación y ferocidad el arma, como si realmente
estuviera enfrente de un rival.
Al ver que Binow aligeraba el brazo,
irguió su cuerpo y farfulló. A veces su mejor amigo lograba que
perdiera los estribos, aunque siempre conseguía controlarse. Eso se
debía a sus clases de formas que recibía todas las semanas. De no
ser así, en muchas ocasiones habría abofeteado a Binow.
-¡Vamos, Bin! Demuestra algo de
interés por tu parte. Yo lo hago cuando propones que juguemos a
tirar guijarros al lago.- Soltó Thaissmer dejando caer el brazo que
sujetaba la espada a uno de los costados y observando a Binow con
algo de reproche. El chico pelirrojo tragó saliva sin decir nada, y
volvió a alzar la espada, ésta vez esforzándose en que su rostro
mostrara un semblante más intenso y que su compostura no demostrara
que el peso de la espada le estaba debilitando. Imitó a Thaissmer,
colocando el torso hacia adelante y extendiendo la espada hasta que
ésta se unió a la de su amigo formando una “x”. Thaissmer
sonrió satisfecho y después de unos segundos mirando a Binow,
comenzó el falso combate.
Thaissmer se movía con agilidad y
chocaba su espada contra la de Binow con destreza, mientras que su
rival lo único que hacía era intentar defenderse como podía, no
tenía tiempo de realizar un movimiento de ataque. Cuando jugaban a
ser guerreros, Thaissmer siempre acababa con el ego hasta las nubes.
Binow ciertamente era un soldado deplorable, y a pesar de que fuera
dos años mayor que Thaissmer, él conseguía vencer en todos los
combates en escaso tiempo y con mucha facilidad.
Sólo que esta vez era distinto, quería
que ese combate durara más, disfrutar de él como se disfrutaba de
una guerra, que el polvo que levantaran le ocultara ver a su
adversario y que sólo pudiera oír el choque de metal contra metal.
Pero después de tan solo unos segundos, la espada de Binow se
encontraba en el suelo, incluso sin que Thaissmer le hubiera atacado.
Binow miró a su amigo con los labios
entreabiertos, observando su expresión y desde luego no falló en
sus suposiciones de que Thaissmer se enojaría.
-Lo...lo siento. De veras. Es sólo que
esta espada pesa demasiado...Además hace tanto calor...-El muchacho
se pasó una mano por la frente perlada de sudor y se apresuró a
recuperar el arma. Cuando se irguió de nuevo, Thaissmer ya estaba
nuevamente en actitud de combate y apenas tuvo tiempo para colocarse
antes de que su compañero cometiera la primera ofensa.
Esta vez el ardor del combate se había
intensificado y Binow no sólo tenía que intentar frenar la espada
de Thaissmer, sino su propio cuerpo que parecía querer abalanzarse
sobre el suyo.
Thaissmer por su parte no dejaba de
manejar la espada como si fuera parte de su cuerpo, dando mandobles a
diestro y siniestro, incluso en ocasiones daba giros sobre sí mismo
para demostrar la superioridad en la que se encontraba frente a su
amigo.
Cada vez estaba más cerca del cuerpo
de Binow, lo que significaba que pronto podría acabar el combate,
colocando la espada al lado del cuello de su contrincante y
concediéndole aquello la victoria final.
Su júbilo era tal que dio toda una
vuelta sobre sus talones y antes de que fijara la vista en los ojos
de Binow o en su rechoncho cuerpo, ya había empujado la espada hacia
delante con fuerza y rapidez. Lo que no pudo prever Thaissmer fue que
el cuerpo de Binow se encontraba demasiado cerca del suyo y que ahora
la espada en vez de encontrarse cortando el aire, se encontraba
clavada en el estómago de su amigo empapándose del líquido rojo
que cada vez brotaba más fuerte del corte.
Thaissmer se apresuró a sacar la
espada y la tiró a un lado. Miró a Binow con el horror reflejo en
el rostro, pero el rostro del muchacho lo único que demostraba era
sorpresa antes de desplomarse sobre el suelo con las manos sobre la
herida. La espada del muchacho pelirrojo había caído al suelo, el
mismo suelo que comenzaba a empaparse de sangre sin que nadie pudiera
impedirlo.
Thaissmer cayó de rodillas al lado de
su amigo, mientras las manos le temblaban y la mente se le había
bloqueado ante la imagen. A sus nueve primaveras, era la primera vez
que veía a un hombre muerto, y para nada se había imaginado así
las cosas. Esperaba una satisfacción inmensa, y una grandeza
infinita, pero en aquel momento lo único que alcanzaba a entender
era que su amigo se iba a morir y que él sería decapitado en la
plaza pública por asesinato.
-Bin...Bin, tú no puedes morir. Bin,
por favor, no mueras...No puedes morir. No puedes. -No dejaba de
repetir Thaissmer mientras que con sus finos y delicados dedos
intentaba frenar la hemorragia. Su mirada iba y venía de los ojos de
Binow a la herida que se asemejaba a un volcán en erupción.
Binow escupió sangre manchándose toda
la barbilla de rojo y comenzó a perder el sentido, incapaz de
pronunciar ni una sola palabra.
Finas lágrimas se escaparon de los
ojos de Thaissmer a medida que presenciaba cómo su amigo moría, sin
poder evitarlo. No debía pedir ayuda, si lo hacía cualquiera se
daría cuenta de que él era el culpable de la muerte de Binow,
aparte de que se encontraba lejos de casa. Siempre iban a ese lugar a
jugar, un campo desierto, rodeado de matorrales que se encontraba
cerca del pueblo, y donde nadie nunca los había encontrado. Cuando
su padre le preguntaba dónde había estado, Thaissmer siempre
sonreía con misterio y contestaba que por los alrededores. El señor
Jarsmany no insistía confiando en que Binow sabría cuidar de su
hijo. Pero de lo que no se daba cuenta era de que Binow a pesar de
ser dos años mayor, era mucho más manso y estúpido que Thaissmer.
El muchacho se llevó las manos al
rostro, no quería ver cómo los ojos de Binow perdían todo signo de
vida y el cuerpo se quedaba totalmente inmóvil. No emitió ningún
sonido, únicamente dejaba fluir sus lágrimas, que al caer se
mezclaban con la sangre del que hasta entonces había sido su mejor
amigo y que ahora yacía muerto debajo suya.
No supo cuánto tiempo pasó así,
echado sobre el cuerpo de Binow, llorando por lo que acababa de
cometer y por su propio destino. Pero cuando el sentido común se
hizo camino entre sus agridulces pensamientos, se dio cuenta de que
aún podía evitar ser ajusticiado. Si lograba cruzar las fronteras
de Waizerstay y entrar en Casmenarck allí nadie le encontraría.
Se levantó con torpeza, agarró la
espada que seguía manchada de sangre hasta la mitad, y comenzó a
correr débilmente entre los matorrales, hacia, donde él creía, se
encontraría la frontera de su país con el de al lado. Pero no había
avanzado siquiera tres metros cuando oyó la voz de alguien detrás
suya intentando llamar su atención. Eso hizo que agilizara su
carrera, pero la espada por fin hacía estragos en su condición
física y dando un traspié casi se encuentra de bruces en el suelo,
aunque hubiera tenido suerte en esa ocasión, pronto se vio chocando
contra la tierra. La voz que le había estado llamando le había
alcanzado y le había empujado para detenerle.
Él giró sobre sí mismo para ver a su
agresor y se encontró con una chica de probablemente su misma edad,
con el cabello castaño claro y recogido en una trenza que le caía a
un lado del cuello, unos ojos grandes y ovalados de un color
semejante al de su cabello. Sus ropajes eran un vestido rojo de raso
con un pequeño cinto alrededor de la cintura.
-¿Por qué no te has parado cuando te
he gritado? -Fue la primera pregunta de la chica antes siquiera de
que Thaissmer se girara. Entonces fue cuando reparó en su ropa
totalmente roja, empapada de sangre, y la espada que sujetaba con
unas manos no menos rojas que su filo.- Tú...tú has matado a ese
niño que está tendido allí.- Thaissmer se dio cuenta cómo en un
segundo la expresión de la muchacha pasó de la sorpresa al horror,
mientras que su dedo estaba dirigido hacia el lugar donde acababa de
dejar a Binow. Muerto. - Tengo que comunicárselo al comisario.
A pesar de que por dentro el miedo
parecía que iba a apoderarse del cuerpo de Thaissmer, este logró
mantener la compostura y esbozó una media sonrisa.
-No, no lo harás. -Su mirada bajó
enseguida a las ropas de la muchacha, observándola de arriba a
abajo.- No serás más que una burda campesina. Es tu palabra contra
la mía.
Esas últimas palabras hicieron que un
destallo pasara por los ojos de la muchacha y tan solo un segundo
después Thaissmer se encontraba con una navaja pegada a su cuello.
Ahogó un grito y buscó los ojos de la chica, cuyo rostro se
encontraba a unos centímetros del suyo observándolo con ferocidad.
-Eso no te convierte en mejor,
señorito. Tú acabas de asesinar a alguien, no yo.- Contestó ella
en un susurro y Thaissmer se sorprendió de que aquellas palabras
pudieran provenir de una niña que siendo campesina apenas tendría
conocimientos. Aunque lo evitara, cierto respeto creció en el
interior de Thaissmer. Pero él era un chico listo y sabía siempre
qué decir en cualquier ocasión, a sus nueve años todo el mundo
afirmaba que era mucho más maduro de lo que se esperaba.
-Y tú quieres ponerte a mi altura,
¿verdad?- Contraatacó él con cierta ironía en el rostro,
intentando sonreír sin que eso hiciera que el cuchillo le rasgara la
piel. Dirigió su mirada a la hoja que no se despegaba de su cuello y
luego miró a la muchacha con triunfo en el rostro. Ella parecía
perpleja ante lo que acababa de soltar él pero no se movió.
-Yo no soy una asesina. -Contestó y
esta vez sí que apartó el arma, incorporándose y dando la espalda
al muchacho que no se atrevía a levantarse del suelo.- El comisario
sabrá qué hacer contigo.
Hizo ademán de irse y por un momento
Thaissmer se preguntó si lograría clavarle la espada por la
espalda, pero ese pensamiento enseguida se disipó al pensar que no
podía cometer más asesinatos y al ver que tampoco podía frenar a
la muchacha un sollozo salió de sus labios.
-No lo hagas. Por favor. No le cuentes
nada al comisario. Soy rico, mi familia es una de las más
prestigiosas. Por favor, no digas nada. Haré lo que me pidas.-
Suplicó Thaissmer con la voz temblorosa, yaciendo aún en el suelo.
La chica se paró en seco sin decir nada y él no supo si alegrarse o
intentar nuevamente huir.
-Coge tu espada. Tiraremos el cuerpo al
río, así nadie sabrá que fue asesinado. Tú vuelve a tu casa y
evita que te vea alguien, tira la ropa y lávate. Está en manos de
Dios que nadie te descubra, aunque creo que has perdido su favor.
-Fue lo único que contestó la muchacha, y a medida que iba
pronunciando las palabras una a una, Thaissmer se sentía cada vez
más aliviado. Al terminar de hablar ella se marchó sin mirar atrás
y él se incorporó. Rezaba, a pesar de lo que acababa de decirle
ella, que nadie se enterara de que él había estado con Binow esa
tarde y que conservara aún su joven vida.
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¡Mis queridos lectores!
Aquí tenéis el primer capítulo de la novela.
Sé que comienzo muy bruscamente, pero es para que desde el principio os enganche, aunque os aseguro que la continuación no es tan sádica como lo ha sido este breve adelanto.
Tengo ciertas dudas sobre los años, ya que no sé cómo debería ordenarlo aquí. Me gustaría hacerlo por años, y que en cada enlace correspondan los capítulos narrados en ese año. Aún no me apaño bien con blogger y no sé cómo lo haré. Estoy abierta a sugerencias. ;)
Muchísimas gracias por leer, y espero ansiosa vuestras opiniones.